PÁLIDO REFLEJO

Caminando, haciendo unas compras, vi mi reflejo en una vidriera. No pude evitar tomar una foto. Esto no pretende ser una reflexión triste, de alguna forma nos hemos “adaptado” a todo esto que hemos vivido. ¿Se extraña nuestras vidas de antes? Pues si, pero aún dentro de estos tiempos difíciles hay momentos buenos. Valorémoslos. Sobre todo apreciemos lo que verdaderamente importa, creo que es una de las enseñanzas de esta pandemia. Aprovecho para agradecer sus visitas a mi rincón de la blogósfera. ¡Gracias!

Foto tomada por Ana Laura Piera

DESCONEXIÓN

Photo by Sigmund on Unsplash

Llegó muy cansada del trabajo. Ser mesera en tiempos pandémicos resultaba doblemente duro. Tenía que traer cubrebocas, careta y estar pasando cada cierto tiempo por la estación desinfectante donde la envolvían en una neblina aséptica. La paga no era mucha y las propinas escaseaban. Su estado anímico pasaba por un momento bajo: sus padres vivían lejos y no podía visitarles, el novio la había dejado por una amiga y para colmo, un compañero del trabajo la acosaba.

El pequeño y humilde departamento que rentaba arriba de una farmacia le parecía el paraíso después de la jornada habitual. Hurgó en su pecho y lentamente fue sacando tres metros de cable que terminaban en un conector USB que enchufó en un tomacorriente especial. Se dejó caer en el sillón de siempre.

La corriente entró en su cuerpo y el leve hormigueo la hizo relajarse y adormecerse. Extendió el brazo derecho y con su mano izquierda oprimió la piel a la altura de la muñeca. Se evidenció una pequeña sección rectangular que se replegó sobre sí misma y reveló un pequeño interruptor de encendido / apagado. Presionó para apagarse, un temporizador incorporado la volvería a activar en tres horas.

Era el momento de ahogar sentimientos, preocupaciones, flotar en la negrura mientras el hormigueo le masajeaba el cuerpo y el alma. Morir por un rato, para luego prenderse recargada, más entera. Mejor.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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LOS AMANTES

Una tarea: escribir sobre un cuadro.

( Relato corto, original, inspirado en el cuadro Los Amantes, de René Magritte)

Cuadro Los Amantes . Autor: Rene Magritte.

—¡Despierten! ¿qué carajos ven en ese maldito cuadro? —el golpe propinado en la mesa fué lo suficientemente fuerte para llamar la atención de sus compañeras.

Tina hizo una mueca de hastío mientras observaba “Los Amantes” de René Magritte. La mirada de Renata denotaba un poco más de interés. Antonio había perdido la paciencia. Debían terminar entre los tres un relato inspirado en aquel cuadro extraño y no habían avanzado nada.

Renata salió de la habitación y Antonio, molesto, empezó a guardar sus cosas. Pero la chica regresó con dos pañuelos blancos y se envolvió el rostro con uno de ellos mientras le lanzaba a Antonio la otra prenda. Tina comenzó a reír estúpidamente, pero luego calló al ver que el joven imitaba a Renata. Luego ambos se acercaron torpemente y unieron sus bocas cubiertas de tela. Así estuvieron mucho rato, tanto, que Tina acabó por irse.

Fué un beso extraño, revelador. La experiencia les habló de pérdidas y no sólo sensoriales, también de amigos, amores y libertades. Acabaron llorando y comenzaron a escribir sobre un amor imposible.

Al terminar el borrador, Renata se acercó a Antonio, ésta vez con deseo.

—Nosotros no somos ellos —le dijo mirando el cuadro. El se acercó y unió su boca desnuda a la de ella, primero tiernamente y luego con fuerza.

Años después, viviendo juntos, una pandemia azotó la Tierra y la gente acabó aislada y detrás de caretas o cubrebocas. Abrazados en su cama durante el estricto confinamiento, recordaban esa experiencia.

—Fue una suerte encontrarte — decía él mientras comenzaba a acariciarla.
Ella apagó la televisión con el control remoto y acercó su boca a la de Antonio.

Afuera, el mundo estaba oculto pero ellos podían verse y amarse.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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LIZZET Y EL SEXO

Un año ominoso, un escape de la realidad. Placer y fantasía se juntan en este relato corto, original.

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Era Lizzet una diosa, lo más increíble que él hubiera visto jamás. Siempre tenía una sonrisa en el rostro, nunca una queja. Ante sus continuos y ácidos monólogos, ella guardaba comprensivo y amoroso silencio. Le recompensaba las tristezas con placer y fantasìa, era ella un escape de la cruda realidad de aquel ominoso año cuando no acababa de pasar una tragedia cuando ya se tenía otra encima. A menudo y a pesar de no creer en nada en particular, se sorprendìa a sì mismo, agradeciendo a la vida por aquella bendición.

Los que más contentos estaban, eran los de la fábrica de muñecas sexuales Orient, con su nuevo modelo robótico: Lizett 2020, que gracias a la pandemia había salvado a la empresa de la bancarrota.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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