COMO UNA SOMBRA

Ella dormía profundamente y no sintió la puerta de la habitación abrirse. Como una sombra, me escabullí dentro y me senté con cuidado al borde de la cama. ¡Era tan hermosa! Sentí mi sangre espesa de amor a causa de esa mujer, que era mi dueña. Aspiré con deleite el perfume a manzanas frescas que anidaba en sus cabellos y volaba en el ambiente. Mis manos, temerosas de despertarla, flotaban sobre su rostro esbozando tenues caricias mientras la boca entreabierta me incitaba a besarla. Posé delicadamente mis labios en los suyos, apenas rozándolos, resistiéndome a la dulce tentación de fundirnos en un beso inmenso.

De pronto, un pensamiento irracional me invadió, pues su serenidad se parecía a la de la muerte. Miré su pecho y el movimiento de olas de sus senos me dijo que respiraba, que estaba viva… soñando. Continué observándola un buen rato pero llegó el momento en que solo verla no bastaba. Yo quería más: quería sentir el fuego incontrolable producido por la unión de nuestros cuerpos, besarla con besos enfermos de pasión y morir en su piel una y otra vez. No me pude contener y me fui metiendo lentamente en las sábanas tibias. Se movió un poco y esperé que se aquietara, luego continué arrastrándome por esa playa que era su lecho. Ahora la tenía frente a mí.

Respirando el cálido aire que exhalaba, acerqué nuevamente mi boca a la de ella. Al contacto con sus labios sobrevino la desgracia: despertó, y mientras abría los ojos yo me desdibujé de su cama, pues la gente que habita en los sueños de otros, tenemos una existencia breve al capricho de los párpados de quien nos sueña. Por un instante, antes de desvanecerme por completo, nuestras miradas se cruzaron, ella se frotó los ojos y luego…se olvidó de mí.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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¿FELICIDAD?

Cuando las circunstancias nos hacen creer que tenemos lo que desde siempre quisimos pero… ¿es así?

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El sobre blanco era una paloma moribunda entre sus dedos; portadora de noticias agridulces, le comunicaba que su padre estaba muerto y que el rancho de Los Ciruelos ahora era suyo.

Llegó a Los Ciruelos una mañana de Enero. El olor a humedad tomó por asalto su naríz y ya no lo abandonó. Sólo encontraba alivio temporal cuando salía y se enfrentaba a la grandiosa extensión de tierra que ahora le pertenecía.

Visitó la tumba del hombre que lo había engendrado y que se encontraba dentro de la propiedad por expresa voluntad del difunto. Recordó que muchos años antes, gracias a su inocencia e ingenio infantil, se había imaginado viviendo en Los Ciruelos junto a su padre; pensamiento que le había calentado el alma y el corazón mientras se hacía hombre. Esperó un momento a ver si el calorcillo regresaba, pero lo único que sintió fue frío y nostalgia.

La felicidad a veces juega bromas pesadas.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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RECUERDOS

Cuento corto, original, sobre nostalgias y recuerdos.

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Con mucho sigilo se deslizó dentro de la casa. Deambulò de aquì para allà, pero le atrajo especialmente la calidez que emanaba de la cocina y que abrió la llave a los recuerdos:

Le vino a la mente el postre de higos en almíbar que le preparaba Isabel y que tanto le gustaba, también la deliciosa sensación que dejaban en su cuerpo de hombre las caricias, como aleteos de paloma, de aquella maravillosa mujer. Recordaba tambièn còmo le gustaba perderse en el cielo claro de sus ojos, un azul deslavado que a ratos se asemejaba màs al gris. “Es que lleguè tarde a la reparticiòn de color”, solìa decir ella y ambos reìan.

Un fuerte ruido interrumpió su ensueño. De repente de todos lados le llovìan golpes. Era Isabel, sus ojos azul-grisàceos relampagueando de furia y queriéndolo sacar a escobazos. Tuvo que hacer gala de toda su pericia y agilidad para poder huir.

“Esto de reencarnar en gato tiene sus ventajas” -pensó-, mientras se alejaba a toda prisa.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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SOÑANDO CON MARIPOSAS

cuento corto, original, inspirado por la migraciòn de la mariposa monarca

fotografía de Ana Laura Piera

—¡Ya vienen!

Su corazón se regocijó evocando cielos anaranjados y árboles cubiertos de pequeños fuegos vivientes. Como un olvidado eco de su niñez perdida, creyó escuchar otra vez la sabia voz del abuelo:

—Son las mariposas Monarca, Juanito: “Papalotl”. Así le decían los antiguos mexicanos. No hay insecto más valiente que ellas, ¡No señor, no lo hay!

Y aquella tarde, como tantas otras, abuelo y nieto habían espiado el horizonte para verlas llegar, cada uno con la ilusión de ser el primero en anunciar su retorno. Juan Manuel recordaba quedarse dormido, para después despertar ante el grito jubiloso del anciano:

—¡Niño, levántate, ya están aquí!

Entonces, sus ojos jóvenes y sedientos, se abrían inmensos para beber sin medida el espectáculo fascinante de millones de pequeñas mariposas llegando a los bosques de Oyamel en tierras Michoacanas.

—Vienen del norte hijo, de muy lejos. Vienen huyendo del frío. Son increíbles, recorren muchos, demasiados kilómetros para llegar aquí. Si hubiera ido a la escuela te podría decir cuántos, pero no lo sé.

La voz del abuelo sonaba diferente cuando hablaba de las Monarcas, Juan Manuel pensaba que parecía otra persona, rejuvenecido por la emoción y el asombro. Al igual que un terrón de azúcar diluyéndose lentamente en la boca hasta que solo queda un dulce regusto, así se desdibujó el recuerdo del viejo. Ahora, Juan Manuel ya no era el niñito de 8 años sino el joven de 17, soñando con emigrar como las mariposas. “Quiero ser como ellas” pensaba. “Elevarme y recorrer todo el camino hasta el norte, ganar mucho dinero con mi trabajo”.

Le habían hablado de los peligros que enfrentaban los migrantes que viajaban a los Estados Unidos, pero cuando pensaba en las Monarcas todo le parecía posible: “Ellas son tan osadas, tan fuertes y resilientes. Algo me habrán enseñado todos estos años de observarlas”.

Y Juan Manuel se fue de su tierra natal sintiendo aletear dentro de él, un par de hermosas y simétricas alas. Tenía la voluntad puesta en un solo objetivo: llegar y triunfar. Había iniciado el viaje al mismo tiempo que las mariposas regresaban al Norte después de cumplir con parte de su ciclo de vida en el refugio boscoso. El cielo azul de abril se tiñó entonces de inquietos anaranjados, y siguiéndolas iba él. ¡Que importaban los pies sangrantes, la sed perenne, el hambre, los peligros y los maltratos! Él era una Monarca, como las que llegaban a su tierra y al igual que ellas, llegaría a su destino.

El “Norte”, la tierra prometida y sus habitantes, le recibieron cual pequeña y repulsiva larva, pero luego él se había vuelto una crisálida llena de promesas, para después emerger imago, adulto, alcanzando un modesto éxito como forastero en tierra ajena. Así, se había forjado una vida, se había reinventado a sí mismo, pero nunca había olvidado México, su tierra, cuya voz constantemente escuchaba por las noches, llamándolo: “Juanito, Juan, Juan Manuel…”

Igual que las mariposas, un buen día emprendió el viaje de regreso. Juan Manuel espera hoy nuevamente a las Monarcas. Las arrugas surcan su rostro, su pelo se ha teñido de blanco. Ya no sueña con irse o regresar, sino con ser como esos guerreros mexicas de los que su abuelo le hablaba. Aquellos que, muertos en batalla, se elevaban hasta el sol, y después de ayudarlo a andar por cuatro años, se iban al paraíso. Ahí, eran transformados en pájaros o mariposas, y pasaban el tiempo libando miel de las flores. Él sabe qué clase de mariposa desea ser: Quiere ser una Monarca, lo desea con toda su alma.

Autor: Ana Laura Piera Amat / Tigrilla

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Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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FRENTE A LA PUERTA

Todos tenemos un secreto oscuro y una añoranza. ¿Te arriesgarías a perderlo todo por acercarte? Cuento corto original.

Photo by Fredrik Rubensson on Pexels.com


Hacìa años que no iba por esos rumbos,  que no se paraba frente a aquella puerta, tan temida, tan añorada. Pasa lentamente  sus dedos por la fría herrerìa que protege los secretos de aquella propiedad y por la gruesa cadena que impide el paso. Un letrero en una esquina anuncia que la casa està en venta. Es un anuncio viejo pues la casa tiene mala fama y nadie la quiere. Se dice que el hijo de los dueños, estando muy drogado, los matò con saña para escapar luego con rumbo desconocido.

De repente unos gritos cortan el aire y se da cuenta que este momento de debilidad puede salirle caro. Los gritos no cesan; cada vez mas cerca, cada vez mas fuerte: “¡Atràpenlo! ¡ahì està el asesino!”

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla.

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