HISTORIA DE UN DISFRAZ

Cuento corto, original

Desafìo: Hacer un cuento corto con las siguientes palabras obligatorias: curtiembre, fèlido, orujo, vivìparo, xilòfago

Resultò difìcil llevarla hasta su CURTIEMBRE. Era enorme,
precisamente por eso la habìa escogido, la abundancia de piel le
garantizaba que tal vez, sòlo tal vez, no tendrìa que matar
de nuevo. Ella se habìa resistido como un FELIDO pero èl
habìa decidido que no tendrìa futuro. La chica
exhalò su ùltimo suspiro entre sus brazos. Con un movimiento
brusco la aventò como un fardo sobre su mesa de trabajo. Un rastro
de sangre lo precedìa pero eso a èl no le importaba.
Tomò un trago de ORUJO mientras visualizaba con placer la obra
que pronto quedarìa terminada: Una piel de mujer para èl. Para portar sobre su piel de hombre, para sentirse por fuera como se sentìa por dentro. Sin embargo, los XILOFAGOS que roìan desde hacìa años su taller tendrìan la ùltima palabra: con el techo y paredes de madera colapsàndose sobre èl, desaparecìan tambièn sus sueños. Vìctimas y victimario acabarìan siendo alimento de los VIVIPAROS del bosque.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

debo añadir que no fuè facil, hay palabras que no se prestan para un cuento de palabras obligatorias. Obvio mi inspiraciòn està en la pelìcula de Hannibal Lecter, hay por ahì un personaje secundario que me inspirò. Dejo un pequeño diccionario de las mismas:

diccionario:

curtiembre: curtidurìa donde se trabajan pieles
fèlido: animales como el leòn, gato
orujo: hollejo de uva, residuo de la aceituna, aguardiente
vivìparo: animal cuya hembra pare hijos en la fase de fetos bien desarrollados (mamiferos)
xilofago: insectos que roen la madera

EL DIA QUE SE LEVANTARON LOS CERROS

Cuento corto, original

Photo by eberhard grossgasteiger on Pexels.com

La gente siempre recordara el día que los cerros se levantaron. El estruendo había sido pavoroso y se había escuchado hasta el fin del mundo. Hubo señales que presagiaban que algo catastrófico estaba por suceder aunque nadie sabía bien qué. El pulso de la tierra, otrora firme, se habia vuelto como el de un anciano tembloroso; habían pasado muchos días y los animales salvajes no se dejaban ver por ningún lado;  un día antes hubo un eclipse de sol tan prolongado que muchas personas pensaron que las tinieblas lo habían ahogado para siempre; el viento no llevaba ya el canto de las aves, sólo extraños presentimientos que llenaban de temor los corazones.

 Como gigantes se levantaron. A su lado las poblaciones humanas parecían hormigueros y aunque las grandes masas de tierra no tenían la intención de herir a nadie, hubo muchísimos muertos y heridos cuando de los lomos de los cerros cayeron casas, gente, vehículos, ganado y todo lo que las personas solemos poner en ellos al creer que los conquistamos. En medio del caos unos pocos las escucharon, aunque nadie las entendió: palabras de pesar proferidas por los nobles monstruos al alejarse. Era duro dejar el lugar que los había cobijado por millones de años. Se fueron con los pies de tierra envueltos en una bruma blanquecina. Se pensó eran nubes, otros dijeron que era el polvo que desprendían al caminar haciendo llanura. Nunca nadie supo los porqués de aquel formidable éxodo pero sin ellos nunca nada volvió a ser igual. El paisaje se volvió monótono, el clima cambió, los ríos inundaron las poblaciones, los animales ya no tuvieron donde guarecerse y la gente quedó desnuda. Desde entonces los niños y los viejos cantan melodías al amanecer  para atraer a los cerros otra vez, pero el tiempo se vuelve un bien escaso…si los ves, trátalos bien y diles que esta eterna espera nos esta matando.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Si te ha gustado, compártelo. ¡Gracias por leer!