EL ANGEL

Un ser celestial encuentra un motivo para no regresar al cielo. Cuento corto, original.

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El àngel se deshizo ràpidamente de toda la parafernalia angelical: alas, tùnica, aureola, todo fuè a dar a la basura. Y aunque no querìa ser màs un angel decidiò conservar la cuerda dorada con que anudaba su tùnica. Se maldijo por ser tan dèbil y fuè a sentarse a la orilla de la carretera.

Llamò la atenciòn de Perla de inmediato y ¡còmo no!, un hombre hermoso, desnudo, salvo por un resplandor dorado en la cintura.
La chica detuvo su auto compacto y bajò el vidrio para hablar con èl. Pacientemente le explicò que si la policìa lo veìa, se lo llevarìa preso por faltas a la moral. Le preguntò què le habìa pasado y si lo podìa llevar a algùn lado, pero aquel ser parecìa tan desorientado que tomò la decisiòn de llevarlo a su casa. Hizo todo lo que su madre siempre le habìa dicho que nunca debìa hacer, pero algo había en él que le transmitìa tranquilidad. Lo alojò en el cuarto extra que tenìa su departamento y le diò algo de ropa de hombre que su ex pareja habìa olvidado recoger. Aunque no era la talla exacta, le sirviò.

Aquella noche Perla no pudo evitarlo, se sentìa atraìda hacia aquel hombre misterioso. Entrò a la habitaciòn donde èl ángel se encontraba adormilado y se deslizò en la cama. El parecìa completamente desconcertado ante los embates de besos y caricias de la muchacha pero poco a poco comenzò a responder, primero torpemente y despuès con una pasiòn que él mismo no sabía que tenía; pero que encontrò maravillosa.

Al otro dìa le despertò el delicioso olor a cafè que Perla preparaba en la cocina y de repente recordò la cuerda celestial que habìa conservado. Ahora sabìa que nunca màs la necesitarìa pues habìa encontrado OTRO CIELO.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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DE MAGOS Y ESTRELLAS…

Cuento corto, original, sobre un mago enamorado de una estrella…

dibujo por Tigrilla

El anciano miraba y miraba desde la torre màs alta del antiguo castillo. Iba de cuarto en cuarto, asomàndose en todos los balcones, esperando tener una mejor perspectiva del cielo nocturno pero todo era en vano: no encontraba su estrella…..èsa que era la luz de sus noches, la blancura de sus horas, la frialdad gaseosa que mantenìa tibio y latiendo su corazòn.

“Alhenna, Alhenna, ¿dònde te has metido?, ¡esto es terrible…. terrible!”

Alhenna la brillante, la hermosa, la rebelde que una noche dejò su naciòn de estrellas y bajò a la tierra, embrujada por un mago. Consumada su uniòn, ella regresò a su puesto en el cielo y desde ahì lo habìa amado fiel y constante. Fue testigo de los estragos del tiempo, viò su noble barba negra convertirse en una cascada nìvea, el liso de su frente convertirse en barrancas de sal. El habìa cambiado tanto, pero el amor que se tenìan era inmutable. ¿¿Què habìa pasado?? Vencido por una tristeza mortal se dirigiò a su habitaciòn.

Tras incontables horas de derramar làgrimas, èstas habìan hecho un rìo debajo de su lecho. Diminutos peces nadaban en èl siguiendo el curso del agua hasta el sòtano. Libros y muebles flotaban en aquella tristeza acuàtica que minaba los cimientos de la antigua construcciòn. De repente, en medio de la oscuridad, una tìmida luz se hizo presente dentro del dormitorio del anciano. Este mantenìa cerrados los ojos y no la percibiò sino hasta que la pequeña luz se habìa vuelto tan brillante que era imposible ver otra cosa que no fuera ella.

“Oh mi amor, mi dulce amor, Thuban, no llores, mìrame, aquì estoy, ya es hora”

Thuban, el mago abriò los ojos y de inmediato fue cegado por la luz de Alhenna. Un frìo abrasador fundiò su cuerpo con la estrella. Sus ropas se vaporizaron y quedò desnudo. Oleadas de un placer celestial inundaron al viejo, su cansado cuerpo se estremecìa y con cada movimiento la juventud perdida regresaba a èl. Carne, huesos y gases helados, se unieron gozosos para siempre y se elevaron despacio rumbo a su lugar eterno en la noche del mundo.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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