LA VERDAD OCULTA

Cuando desperté, él estaba sentado en mi cama. Sus enormes ojos negros, sin expresión y sin fondo, parecían engullirme entero. Sentí sus dedos fríos y delgados como lápices acariciándome la cabeza. De los ojos y de los extraños orificios nasales, apenas dos agujeros negros sobre la piel cetrina, comenzó a salir un fluido amarillento. Parecía estar llorando.

No me dio miedo; en alguna parte de mi ADN palpitaba una verdad inquietante. Una luz enceguecedora se asomó por la ventana y parpadeó tres veces. Ante esta señal se levantó lentamente, como si le pesara alejarse. Se situó de tal modo que la luz lo envolvió y desapareció en ella. Brinqué de la cama y me asomé a tiempo de ver una nave extraña en forma de cigarro alejándose, primero lentamente y luego a una velocidad tan demencial que desapareció en un instante.

Me incorporé. Miré mis manos, examiné mis brazos, sentí mi rostro. No me parecía en nada a él sin embargo del fondo de mi ser fue subiendo incontrolable una palabra que pronuncié sin permiso de mis labios y que dejó una herida abierta a su paso: “¡Padre! ¡Padre!

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

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EN TU MUNDO

Cuento corto, original.

La angustia de la noche anterior casi se borra del todo al contemplar mi primer amanecer en este mundo:  tres magníficos soles, como esferas incandescentes colgadas de un cielo de tintes violáceos, me han dado la bienvenida. De un mar lejano me llega murmullo de olas —bramidos formidables atenuados por la distancia—. Mi nave se averió y me ví obligado a descender en este extraño planeta, estoy solo, lejos de los míos y, sin embargo, la belleza de este amanecer me da esperanza. 

Cuando se  terminaba la provisión de oxígeno de mi traje espacial, decidí quitarme el casco protector. Aunque sabía que había una atmósfera no sabía si ésta podía sostener mi vida. Estaba preparado a morir. Incluso había imaginado el ruido sordo que harían mis pulmones al estallar dentro de mí.  Sin embargo, para mi sorpresa, me encontré con que podía yo respirar el aire de este mundo. Inhalo y exhalo un aire dulzón que me recuerda el olor de unos caramelos que nos daban como recompensa por portarnos bien cuando mis hermanos y yo éramos niños. La fuerza que me dan estos recuerdos se ve opacada ante la visión de mi nave rota e inservible. Un lúgubre pensamiento invade mi mente: ” Moriré solo en este lugar”.

Me han despertado unas cosillas que flotan en el aire, rozaron mi rostro y me hicieron estornudar. Son transparentes y luminosas, de movimientos lentos y sincronizados; si me quedo quieto y cierro mis ojos, puedo pensar que son caricias, si, caricias de este mundo a mi cuerpo maltrecho, creo que me dicen que no desmaye, que todo estará bien.

Definitivamente dejé mi nave, nada puedo hacer con ella. Me alejo y lloro, no sé que será de mí. La incertidumbre duele, el miedo aprisiona mi corazón.

Te ví mirándome mientras te ocultabas detrás de un cerro transparente. ¿Acaso no ves que te puedo ver a través de él? Primero sentí temor y luego una inmensa alegría, ¡por fin! ¡alguien! fui corriendo a tu encuentro, pero cuando pensé alcanzarte  habías desaparecido ¿regresarás? ¿o eres acaso una mala broma de mi mente?

Siento tu presencia muy cerca, a veces te veo, otras te adivino, unas más te huelo. Hueles al aire salobre que se respira a la orilla del mar.  No sé quién eres ¡vaya! con esos tres ojos asomados en tu rostro y ese par de corazones latiendo furiosos dentro de tu pecho ni siquiera sé “qué” eres; sólo sé que me buscas y yo te necesito. ¿Llegaré a conocerte? Ahora soy yo el que te sigue, busco tus huellas de siete dedos, necesito encontrarte.

Un nuevo amanecer nos sorprende sin saber a ciencia cierta dónde acabas tu y dónde empiezo yo.  Poco a poco me vuelvo uno contigo, me integro felíz a tu ser, me acomodo en tí aunque siento que me faltan extremidades y sentidos para colmar tu ávido cuerpo, lleno de multiplicidades. Hoy ya no hay ayeres para mí, sólo puedo pensar en mañanas contigo, mañanas que inician como hoy: con esos tres magníficos soles dorados como testigos de este abrazo infinito.

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

Para este cuento me inspirè en la canciòn de Zoe: https://youtu.be/qv-pyT2_GEQ

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