LUJURIA

cuento corto, original.

Desafío:    hacer un cuento corto con las palabras:  vitaminas,  guayabera,  ranas,  mar ,herramienta.

Vestido con su cotidiana guayabera blanca, y animado por sus vitaminas
mañaneras, Don Fausto se estaciona en el lugar mas solitario del
malecón. Al apagar las luces de su auto sólo alcanza a
escuchar el bramido del mar sin poder verlo. Hoy no hay luna.
Ya lo espera ahí Lourdes, la chica que les ayuda en casa y que apenas pasa de los quince años. Mientras se la quita con impaciencia, el viejo piensa
en lo absurda que resulta esa camiseta de ranas rosas que trae puesta la
chica; después saca su herramienta y comienza a trabajar en su
propio placer.  

Autor: Ana Laura Piera / Tigrilla

(Eso de la herramienta reconozco que no suena muy bien pero tenía que usar la dichosa palabrita, jajaja) en fin, las palabra que yo dejo son éstas por si alguien se anima:
 
crepúsculo, brújula, sangre, voluntad, pacto

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EL SEXO ESTA EN TODAS PARTES

Relato original.

Creo que el sexo nos causa toda una gama de sentimientos y experiencias, lo ùnico que no nos causarà nunca es indiferencia. Seamos niños de 7 años o adultos de 40, seamos gente “moderna” o voces del pasado que nos hablan a travès del fruto de su creatividad o sea, obras artìsticas que los han trascendido.

Recuerdo ir recorriendo el en la Cd de Colima, el cual tiene una excelente colecciòn de piezas precolombinas de la zona. Ese dìa el Museo era visitado por un bullicioso grupo de escolares de primer año de primaria, me llamò la atenciòn el morbo que les causaba ver tanta figura encuerada y mostrando sus encantos. Falos erectos, figuras femeninas con los pechos al aire, amamantando, dando a luz, pareciera que los antiguos habitantes de Mèxico no tenìan pudor alguno en representar los cuerpos masculinos y femeninos en el destape total. Los niños iban maravillados mirandoles el “pilìn” y las “chichis” a las figuras y checando cuàl las tenìa mas grandes, mientras las maestras, frenèticas, trataban de desviar su atenciòn hacia aspectos mas culturales de la visita. Oportunidad fallida de explicarles la importancia de los ritos de fertilidad de nuestros antepasados.

Autor: Ana Laura Piera (Tigrilla)

UNA ALEGRIA EFIMERA

Cuento corto, original.

Photo by Valeria Boltneva on Pexels.com

Cerró los ojos y dejó que el viento le acariciara el sudoroso cuerpo, ¡qué sabroso se sentía!, aquello era la gloria en medio del arduo trabajo.  Le pareció que el aire olía a mar y por unos momentos dejó de aspirar los acres polvos de la construcción. Casi como por instinto buscó el punto mas alto del techo, un lugar donde se iba a poner una cúpula muy elegante y que por el momento sólo era un montón de ladrillos y sacos de cemento, se paró ahí y extendió los brazos, se acordó del anuncio de una película donde el rubio protagonista y su amada iban en la punta de un enorme barco, él la tomaba tiernamente por la cintura mientras el viento les alborotaba los cabellos. El no la había podido ir a ver pues le costaba trabajo leer los subtítulos con la rapidez necesaria, pero esa imagen la tenía grabada en la mente.

 “¿Dónde está Pedro?”, preguntó el maestro Alfonso. “Anda arriba maestro, dizque llevando ladrillos”, le contestó uno de los albañiles. Don Alfonso levantó la vista y observó a Pedro, “chamaco baboso”, pensó, y luego sonrió para sus adentros, después de todo él también había sido un muchachito juguetón, sin embargo, poniendo seriedad a sus pensamientos reflexionó que el tiempo es oro y luego gritó con voz estentórea   “¡Pinche Pedro deja de jugar!” Al escuchar el grito, Pedro abrió los ojos y escuchó las risas y burlas de los demás trabajadores de la obra, se sintió apenadísimo, y rápidamente volvió a lo que estaba haciendo

El trabajo duro de albañil le había moldeado el cuerpo como si a  diario fuera al gimnasio.Su figura contrastaba con la de sus compañeros, hombres mayores que por el vicio del alcohol habían desarrollado ya prominentes estómagos capaces de competir con el de cualquier señora embarazada. No había en él la mirada cansada y amarga de quien tiene ya obligaciones fuertes, sino por el contrario la suya era una mirada ingenua y soñadora. Los rasgos de su rostro no estaban excentos de cierta tosquedad que en vez de afear su rostro lo hacían extrañamente agradable, tanto, que  ya en màs de una ocasión Don Alfonso había pescado a la hija del patrón, Isabel,  echándole miradas de reconocimiento al joven.

El padre de Isabel, dueño de la constructora, habìa decidido que su hija estudiarìa Arquitectura, asì que la obligaba a acompañarlo a supervisar las obras, la chica odiaba esas visitas, ella no tenìa màs ambiciones en la vida que divertirse con sus amigas. Fue en una visita a la obra de la calle Galeana que sus ojos se habìan topado con Pedro, ese muchacho le gustò de inmediato y siempre que habìa que supervisar aquella obra Isabel se apuntaba para acompañar a su padre .Cada vez que veìa a Pedro el cuerpo se le rebelaba y un deseo intenso por el muchacho comenzò a mortificarla a toda hora.

Había sido en una de esas ocasiones, cuando Pedro y los demás se alejaban de la obra ,que Isabel lo había esperado en la esquina, ella, subida en su elegante auto, él, a pie y despreocupado, ella esperó a que todos tomaran rumbos distintos y luego lo alcanzó. “Sube” le dijo con voz llena  de impaciencia, él la miró con esos ojos soñadores: “Mejor no”, “Que te subas te digo, no te hagas del rogar”, “Pero…” “Nada de peros, súbete ya”. Quizá fue el tono ligeramente altanero de quien está acostumbrado a que se le cumplan sus mas tontos caprichos, quizá fue la predisposición de Pedro a obedecer órdenes, el caso es que se  subió al auto. “¿Dónde vamos?” preguntó él con ingenuidad, “ya verás” dijo ella y manejando a una velocidad mas arriba de la permitida se dirigió a un lugar solitario. El la miraba, observaba cada detalle de ella con reverencia casi religiosa,  la blancura de su piel, el pelo negrísimo cayéndole sobre los hombros, los ojos color miel, la naríz respingadita, esas piernas bien torneadas parcialmente ocultas por la cortísima falda. Pedro comenzó a sudar y a agitarse, ella dejó un momento el volante y le tomó una mano. Cuando llegaron al sitio que ella había escogido, y una vez que el motor del auto se apagó, Isabel miró a Pedro de arriba abajo, luego se acercó a él con lentitud, el olor fuerte que despedía el cuerpo de aquel joven le alborotaba los sentidos; cerró los ojos y acercó su boca a la de él, se fundieron en un besó húmedo y cálido. El empezó a acariciarla con suavidad, como si temiera que la pudiera romper y ella le correspondió con ansiedad, Pedro se sintió como el protagonista de aquella pelìcula, abrazando a su amada, observando el mar mientras el viento los envolvía, las sensaciones cálidas y los olores mezclándose, el movimiento como de olas, y luego un placer tan intenso que parecía irreal.

Isabel lo dejó en una esquina solitaria, ella se alejó lentamente y él, sin mirar atrás, continuó su camino.

Muy temprano en la mañana ya se encuentra en la obra Don Alfonso recibiendo a los trabajadores y repartiendo órdenes a diestra y siniestra: “llévate al Negro y afilen esos perfiles” le dice a uno, a otro le grita “apúrate pues tenemos que echar el firme en el patio de servicio”, luego llega Pedro, “ay, chamaco, ¿y esa sonrisa de oreja a oreja?, ¡ya dejate de babosadas y sigue cargando el material para la cúpula!”, Pedro continúa sonriendo, él tiene un secreto que Don Alfonso apenas sospecha, una alegría  efímera que le facilita el inicio de la larga jornada.

( Autor: Ana Laura Piera /Tigrilla /nov. 12-91)  

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