FLORIFAGIA

Devorando flores

Photo by Sabina Tone on Unsplash

La primera vez fuè poco despuès de nuestra luna de miel. Ya estàbamos instalados en la que serìa nuestra casa y una noche sorprendì a mi mujer mientras estaba pasando el último bocado de un plato de rosas del color de la sangre. Mi extrañeza creció ante su exagerada reacción al verse descubierta. Se enojó muchísimo y me gritó de todo, hizo ènfasis en que ella tenía derecho a su privacidad. Me quedé de una pieza. Mientras hablabla, un pedacito de pétalo mal masticado se asomó por su boca y su lengua se apresuró a borrar la rojísima evidencia en un rápido movimiento. Sus gritos acabaron por correrme de la cocina. Tuve la sensación de haber presenciado un gran misterio sin alcanzar a comprenderlo.
Ella estuvo seria conmigo el resto del día y por la noche no respondiò a mis caricias, me estaba castigando por algo que no comprendía y quedé màs intrigado que nunca.

En otra ocasión, nuevamente fuì mudo testigo de cómo ella
devoraba un plato enorme de amarillos crisantemos. Parecía que devoraba
el sol en pedacitos. ¡Qué placer sentia al comerlos! gemía, se estremecía
y se lamía los dedos uno por uno perdida en un éxtraño éxtasis. Me costò mucho trabajo no delatarme pero tuve èxito y ella no se diò cuenta de mi presencia.
Esa noche, mientras haciamos el amor, me perdí en un mar de olores y
sabores imposibles producidos por la unión de crisantemos y cuerpo de mujer. Estuvimos unidos durante horas interminables, hasta que aquellos
magníficos olores y sabores se desvanecieron por completo, era como si
cada orgasmo los consumiera de a poco hasta no quedar mas que el recuerdo.
Y mientras ella se deslizaba en un sueño profundo, yo la imaginaba devorando flores. ¿Y si comiera azahares o lilas?, ¿que tal orquìdeas o camelias?, ¿jacintos o margaritas?, anhelaba probarlos todos a través
de su piel.

Acicateado por la curiosidad que causaban en mí sus extraños hábitos, hurgué en su pasado: descubrì que tanto su madre como su abuela se habían alimentado de flores y no sólo eso, habian hecho de ello un ritual alrededor del cual giraban sus vidas. Mientras màs me asomaba a ese extraño mundo, menos lo comprendía, a excepción
de los momentos íntimos con mi esposa, pues ahí, por breves instantes durante el sexo, me convertía como ella en un devorador de flores. Mi lengua ávida de aquellos sabores recorría su piel. Me convertía en un picaflor descarado mientras ella se estremecia una y otra vez.

No pude evitarlo, el primer mordisco me sorprendió a mí tanto como
a ella. De su piel brotó un nectar floral irresistible, a su vez
ella también me mordió y masticó mi carne con deleite. Nos fuimos
comiendo suavemente y con la gradual ausencia de piel se iban asomando
al mundo enormes y coloridos pétalos, también tallos y hojas del verde
màs intenso. Conforme iban saliendo de nuestros cuerpos incompletos, ambas flores se enredaban una en la otra apretadamente, pronto no se distinguió ni principio ni fin de ninguna. Florecimos toda la noche y al día siguiente, ya marchitos, aún seguíamos juntos en un abrazo sin fin.

AUTOR: Ana Laura Piera / Tigrilla

Si te gustò este cuento puedes compartirlo o rebloguearlo. Sòlo te pido darme crèdito como su autora y si es posible mencionar este blog. ¡Gracias por leer!

Tengo otro cuento con la misma temàtica por si gustas pasar: https://tigrillasblog.wordpress.com/2020/12/04/florifagia-ii/

7 comentarios en “FLORIFAGIA

  1. ¡Notable entrada; producto de una mente fascinante! Desde el inicio de la lectura; sentí realmente intriga hasta que me aterrorice, creyendo que por una poción mágica o vaya a saber que alquimia, la mujer era una hembra de Braquiosaurio… Pero no; finalmente fue la resultante de practicar, una de las tantas cosas que el ser humano hace generalmente por aburrimiento o estupidez. Un cálido saludo.

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  2. El ser humano y la naturaleza unidos en uno solo, como realmente es. Pero subiendo el nivel con la naturalización del sexo y del amor. Todo es algo inherente a nosotros y se debe tratar como tal. Un gran relato que me ha hecho pensar en lo cerca que estamos de la tierra, de las plantas y… de las flores. Enhorabuena me gustaron muchos ambas historias de florifagia. Me parecieron sencillamente deliciosas.

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