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UNA ALEGRIA EFIMERA

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UNA ALEGRIA EFIMERA

 

Cerró los ojos y dejó que el viento le acariciara el sudoroso cuerpo, ¡qué sabroso se sentía!, aquello era la gloria en medio del arduo trabajo.  Le pareció que el aire olía a mar y por unos momentos dejó de aspirar los acres polvos de la construcción. Casi como por instinto buscó el punto mas alto del techo, un lugar donde se iba a poner una cúpula muy elegante y que por el momento sólo era un montón de ladrillos y sacos de cemento, se paró ahí y extendió los brazos, se acordó del anuncio de una película donde el rubio protagonista y su amada iban en la punta de un enorme barco, él la tomaba tiernamente por la cintura mientras el viento les alborotaba los cabellos. El no la había podido ir a ver pues le costaba trabajo leer los subtítulos con la rapidez necesaria, pero esa imagen la tenía grabada en la mente.

 “¿dónde está Pedro?”, preguntó el maestro Alfonso, “anda arriba maestro, dizque llevando ladrillos”, le contestó uno de los albañiles. Don Alfonso levantó la vista y observó a Pedro, “chamaco baboso”, pensó, y luego sonrió para sus adentros, después de todo él también había sido un muchachito juguetón, sin embargo, poniendo seriedad a sus pensamientos reflexionó que el tiempo es oro y luego gritó con voz estentórea   “¡¡¡Pinche Pedro deja de jugar!!!” Al escuchar el grito, Pedro abrió los ojos y escuchó las risas y burlas de los demás trabajadores de la obra, se sintió apenadísimo, y rápidamente volvió a lo que estaba haciendo

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El trabajo duro de albañil le había moldeado el cuerpo como si a  diario fuera al gimnasio.Su figura contrastaba con la de sus compañeros, hombres mayores que por el vicio del alcohol habían desarrollado ya prominentes estómagos capaces de competir con el de cualquier señora embarazada. No había en él la mirada cansada y amarga de quien tiene ya obligaciones fuertes, sino por el contrario la suya era una mirada ingenua y soñadora. Los rasgos de su rostro no estaban excentos de cierta tosquedad que en vez de afear su rostro lo hacían extrañamente agradable, tanto, que  ya en mas de una ocasión Don Alfonso había pescado a la hija del patrón, Isabel,  echándole miradas de reconocimiento al joven.

 

El padre de Isabel, dueño de la constructora, habìa decidido que su hija estudiarìa Arquitectura asì que la obligaba a acompañarlo a supervisar las obras, la chica odiaba esas visitas, ella no tenìa mas ambiciones en la vida que divertirse con sus amigas. Fue en una visita a la obra de la calle Galeana que sus ojos se habìan topado con Pedro, ese muchacho le gustò de inmediato y siempre que habìa que supervisar aquella obra Isabel se apuntaba solìcita para acompañar a su padre .Cada vez que veìa a Pedro el cuerpo se le rebelaba y un deseo intenso por el muchacho comenzò a mortificarla a toda hora.

 

Había sido en una de esas ocasiones, cuando Pedro y los demás se alejaban de la obra ,que Isabel lo había esperado en la esquina, ella, subida en su elegante auto, él, a pie y despreocupado, ella esperó a que todos tomaran rumbos distintos y luego lo alcanzó “sube” le dijo con voz llena  de impaciencia, él la miró con esos ojos soñadores “mejor no”, “que te subas te digo, no te hagas del rogar”, “pero….” “nada de peros, súbete ya” Quizá fue el tono ligeramente altanero de quien está acostumbrado a que se le cumplan sus mas tontos caprichos, quizá fue la predisposición de Pedro a obedecer órdenes, el caso es que se  subió al auto. “¿Dónde vamos?” preguntó él con ingenuidad, “ya verás” dijo ella y manejando a una velocidad mas arriba de la permitida se dirigió a un lugar solitario. El la miraba,, observaba cada detalle de ella con reverencia casi religiosa,  la blancura de su piel, el pelo negrísimo cayéndole sobre los hombros, los ojos color miel, la naríz respingadita, esas piernas bien torneadas parcialmente ocultas por la cortísima falda. Pedro comenzó a sudar y a agitarse, ella dejó un momento el volante y le tomó una mano. Cuando llegaron al sitio que ella había escogido, y una vez que el motor del auto se apagó, Isabel miró a Pedro de arriba abajo, luego se acercó a él con lentitud, el olor fuerte que despedía el cuerpo de aquel joven le alborotaba los sentidos, cerró los ojos y acercó su boca a la de él, los labios de ella y los de él se fundieron en un besó húmedo y cálido, él empezó a acariciarla con suavidad, como si temiera que la pudiera romper y ella le correspondió con ansiedad, Pedro se sintió como el protagonista de aquella pelìcula, abrazando a su amada, observando el mar mientras el viento los envolvía, las sensaciones cálidas y los olores mezclándose, el movimiento como de olas, y luego un placer tan intenso que parecía irreal.

 

Isabel lo dejó en una esquina solitaria, ella se alejó lentamente y él, sin mirar atrás, continuó su camino.

 

Muy temprano en la mañana ya se encuentra en la obra Don Alfonso recibiendo a los trabajadores y repartiendo órdenes a diestra y siniestra: “llévate al Negro y afilen esos perfiles” le dice a uno, a otro le grita “apúrate pues tenemos que echar el firme en el patio de servicio”, luego llega Pedro, “ay, chamaco, ¿y esa sonrisa de oreja a oreja?, ¡ya dejate de babosadas y sigue cargando el material para la cúpula!”, Pedro continúa sonriendo, él tiene un secreto que Don Alfonso apenas sospecha, una alegría  efímera que le facilita el inicio de la larga jornada. ( Tigrilla /nov. 12-91)  

 

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Acerca de tigrilla

Cuentera, viajera, amiguera, me encanta la naturaleza y asombrarme con ella

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  1. Hola tigrita:
    Linda historia en la que se plasma el amor o el deseo de dos personas de diferentes clases y convensionalismos sociales.En esta historia creo que falto saber un poco mas de isabel.  
    Esta interesante tu spacio, seguire visitandolo y dejandote algun comentario, espero visites el mio y me dejes un comentari, hasta pronto, Vincent.

    Responder
  2. Hola Tigrita:
    Espero te encuentres bien, te agradezco que hayas visitado mi spcio y el comentario respectivo, te dejo mi correo vichdz01@hotmail.com, para que me  agreges tus contactos y poder charlar pòr el messenger, yo tambien te pondre en mis contactos, espero noticias tuyas pronto, bye, Vincent

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  3. Hola, TigrillaHe estado recordando la visita que tenía pendiente a tu espacio, no por haber dicho que regresaría sino por las múltiples entradas que llamaron mi atención la primera vez que vine, y que no pude quedarme a leer. Esta historia me encantó. A veces la vida no es tan perra, ¿verdad?Cuando yo comenzaba a escribir en ocasiones le mostraba mis escritos a mi maestro de literatura, que es un escritor al que yo admiro. De vez en cuando una historia de final feliz no lo complacía… jajajaa… decía: "pero este personaje es malo de verdad, tiene una maldad tal que no puede transformarse así como así, por muy impactante que sea la anécdota… "… cosas así. Pero yo sigo creyendo que la magia alcanza para eso y más, alcanza para que un albañil, con todas las circunstancias en contra, tenga un recuerdo hermoso que atesorar y para que una señoritinga lo atesore de igual modo, habiendo vivido una experiencia totalmente fuera de lo que podría esperarse de ella… Me gusta como escribes porque escribes como tú. Tus letras se leen honestas, leales a ti. Es un agasajo leerte, en verdad.

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